viernes, 24 de mayo de 2013

UNA VEZ MÁS

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Una vez más, sois las voz imperante de mi conciencia, el eco con el que la llama de mi corazón truena en mis entrañas...

Una vez más, sois vos quien, sigilosa, ataca en mis noches aflorando las más dulces quimeras con que jamás pueda soñar...

Una vez más, despertáis en mí sentidos, cuyo entendimiento se desvanece con cada uno de tus besos...

Una vez más, vuestras caricias recorren mi piel para adentrarme en el reino de los sueños...

Sueños que compartimos en nuestros días, para sonreír al destino y entregarle nuestra pasión...

Pasión que brota de los poros de mi piel para embadurnarte entre las sábanas...

Sábanas marcadas por los glifos que narran nuestras noches en la ausencia de nuestros días.

Días escritos con la tinta que brota de nuestras venas, grabando, en el albor de nuestra piel, la letras de los versos que emanan de los besos, para así, recordarnos entre penumbras nuestro pasado, y vivir intensamente el presente.

Una vez más, sois vos quien roba mis labios para beberse cada uno de mis besos.



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miércoles, 20 de marzo de 2013

Ángel Caído

El viaje se hacía eterno por las carreteras que me adentraban en esta nueva aventura, embarcando ajeno a todo lo que mi conciencia me decía... Absorto en las frías gotas de lluvia que rompían el parabrisas en este extraño y cálido día de invierno, conduzco con rumbo fijo hacia el lugar únicamente conocido por dos Almas dispuestas a encontrarse. París quedaba lejos, pero preferí viajar en coche para meditar antes que estar pendiente de horarios de vuelos y de relojes impuntuales de salidas y llegadas.

El cansancio hizo mella en mí, y ahuequé el camastro una vez hice el registro. Mis ojos, perdidos en la incertidumbre deseaban dormir,... mi mente, inquieta, sólo ansiaba despertar,... y pensaba nada más allá de mi imaginación, en el nervio que recorría mis venas mezclado con mi propia sangre. Las agujas del reloj seguían su camino sin importar que no quedara tiempo para pensar ni meditar... no importa, la decisión ya se había tomado, sólo debía dejarme llevar aquella noche y sencillamente, disfrutar de cada instante que mis sentidos percibían.

Traje oscuro, ataviado con una sobria corbata negra, zapatos clásicos con cordones y punta redonda, y una camisa inmácula adquirida para la ocasión. Mi pelo, húmedo aún por la fría ducha, caía por el lateral de mi rostro ocultando parte de mi mirada. Llegó el momento, ya estaba acicalado para la cena, no es de buen agrado hacer esperar a nadie.

Mis ojos se abrieron al contemplar el salón en el que me disponía a pasar parte de la velada, antiguas vigas de madera, lamparones de forja con una luz tenue que alumbraba con calidez las estancias, cuadros que evocaban un época antigua con la que a menudo mi alma soñaba amanecer, aquella época en la que los Zares portaban las voces de Rusia. Mi cuerpo se estremeció en un instante en el que sueño y vigilia parecieron unirse para dar luz y sentido a mi vida. Reconocí a mi acompañante, llevaba un pañuelo blanco como prometió, nos presentamos y comenzó una agradable conversación que nos llevaron, minuto tras minuto, con la excepcional compañía de un exquisito tinto. Risas, miradas furtivas, tonteos inocentes entre las copas de vino. Sentía su mirada clavada en mí, mis sentidos deseaban sumergirme en una noche mágica en la que todo podía pasar. Se respiraba respeto en esa mesa, ambientada en una época que mi alma reconocía... se sentía complicidad entre nuestras palabras y sonrisas, la noche comenzaba bien... y apuntaba a un final mejor. Tras el postre y una última copa en el piano bar, y tal y como habíamos acordado, se retiró a sus aposentos para acomodarse a la espera de una furtiva visita.
Miedos sin dudas perturbaban la paz que siempre me mantuvo firme en mis decisiones, dudas sobre el origen y la causa de todo aquello que me llevó a dar este paso. La confusión invadió mi Paz. Un oscuro camino me esperaba, lleno de sombras sin atardeceres, con un único alba que pudiera iluminar cada uno de mis movimientos, un camino sin retorno, una única dirección, debía ser más astuto que el Ser Pente, quien con sus propias artes me llevó a su Jardín para cautivarme y hacerme morder del Fruto Prohibido, corrupto por la ambición. Siendo firme y consecuente con mis propias decisiones, y sabiendo a ciencia cierta con quién me disponía a compartir lecho, vi una única salida... tomé un último golpe de orujo, y con decisión y la cabeza bien alta me dirigí a sus aposentos... jamás imaginé que bailaría un tango con el Diablo a la cálida Luz de la Luna.

Golpeé tres veces la puerta, en señal de mi presencia, ésta se entornó sin más, ni nadie que la ayudara... mi cuerpo se estremecía con cada paso que me adentraba en el mismísimo Infierno. Placer, Lujuria, Pasión, Sexo... conjugado a la perfección con la desdicha de la ambición, el deseo irrefrenable del poder que me otorgaría ese único encuentro, cargado de cesiones y morbos hipotecados. Mis ropas deslizaban por mi cuerpo sin remedio marcando el camino que debía recorrer de vuelta. Vi su cuerpo arqueado a la espera de mi conquista, sin esperar que mi única intención era el asedio. Se despojó de sus vestiduras sin apartar su mirada que disponía clavada en mis pupilas, con un simple gesto me llamó y me silenció los labios con un sensual y aterrador beso. Sus manos comenzaron a dibujar en mi espalda extrañas formas sin significado para mi, sabía que me tenía, que esa noche sería suyo y que ya nada podría arrebatarle su momento de Gloria al saberse una vez más, Amo y Señor de un destino que no le pertenecía.

Con plácidos movimientos se dispuso, ofreciendo su cerviz a mis ojos. Mis manos se cogieron a su ancha cintura para complacer a la Bestia, quien con su sátira sonrisa me mostraba en cómoda postura, el placer que le otorgaba cada una de mis embestidas. Mi conciencia no me permitía seguir este osado juego, pero pasó mucho tiempo desde aquél instante en el que jugué por primera vez con la Oscuridad y solicité audiencia con el Príncipe de las Tinieblas... mi voz fue escuchada, y aquí me tiene, dentro de la armadura que forjé en su mismísimo Fuego, bajo la incertidumbe de saber quién jugaba con quién. Sus gemidos se apagaban en un característico eco recordando dónde lo escuché por primera vez, el calor de la habitación se acrecentaba por momentos sin emanar de nuestras pieles... no quise abrir los ojos, pues ya sabía lo que encontraría a mi alrededor... sólo en la Oscuridad se puede burlar al Señor Oscuro, pues cree ser único conocedor de sus propias artes. Los suspiros desgarraban mis entrañas, y mis lamentos, ahogados en mi garganta, aumentaban en cada embate, pues el ardor que sentía comenzaba a llegar al umbral del dolor... Agarré las crines de sus cabellos, y comencé a galopar desbocado sobre sus lomos, nuestros gritos traspasaban los muros de la habitación, al tiempo que los umbrales de este mundo, sus arqueos cada vez más salvajes me hicieron comprender que estaba a un único paso de conseguir que su Alma se enajenara a favor mía, y llevar así, a buen puerto, la empresa en la que me había embarcado por mi frágil y humano pecado, la necesidad.

Por un instante, ambas voces conjugaron en un temible cántico profano, mostrando la explosión de júbilo que nuestras almas sintieron a la vez... los aposentos se sumergieron en los sonidos de las criaturas de la noche, quienes nos acompañaban en nuestra comunión... desperté al reconocer el aullido del viejo y ancestro Lobo. Abrí los ojos, frente a mí, su rostro encajado entre las almohadas apenas sin aliento, su cuerpo húmedo de sudor, su mirada ida estaba en el mundo que acababa de abandonar... Era mi momento, debía abandonar aquél lugar llevando conmigo aquellos metales que brillan con falsa luz, y que tan necesarios son en este plano del universo. Debía cerrar el umbral que le hizo encontrarme desde tan lejos, o mi osadía sería mi propio verdugo.

En ese instante, un sutil susurro expiraba de sus labios, … un susurro que me permitió, al fin, ser libre.

La vigilia duele al saberse ilusoria frente a nuestro sueño. Y aún así, ganamos ambos con este peligroso juego de confesiones y pasiones que afloran en nuestro deber cuando el corazón grita en nuestro haber, pues si es realidad lo que nuestros sueños nos muestran, el Tiempo es lo único capaz de poner nuestros sentimientos en el lugar y sitio que les corresponde.

Mi Alma ya conocía la Oscuridad, y harto de andar ciego por el mundo busqué la Luz para iluminar mis pasos... y una vez más burlé la astucia y la vanidad del Ángel Caído...

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martes, 17 de julio de 2012

Reina Mora

Tiempo ha que tus susurros atravesaron mi pecho, que tus versos inundaron mis días y mis noches, y tus suspiros se convirtieron en el aire que respiraba. Tiempo ha que nuestro verbo se cruzó entre la delgada línea que une la vigilia con las quimeras. Sentimientos encontrados que tan sólo en los anhelos de nuestras almas supimos descifrar. Errantes en un mundo sin salida ni aire que respirar, ahogos entre sollozos en busca de la dicha de nuestros sentidos. Volátil como el aire que ondea tus cabellos, para acercarte el suave murmullo del rompiente que baña mis pies.


Dócil brisa que trajo a mis albores la sonrisa de tu mirada, cálidos abrazos y utópicos besos, que forjaban mis labios con el calor de tu pecho. De otro mundo te revelaste asumiendo tu propio destino, para iluminar los pasos de aquellos que siguen tus pies. Dulces días en los que el eco de tu voz resonaba en el cáliz de mis entrañas, para reencontrarse con aquello que un día se nos negó.

Incontables noches he huido de mi propia existencia para unirme a ti en el lecho de tu alma, para retozar en tu piel y sentirme tuyo, y sentirte mía, hasta que el alba invadiera tus aposentos para regresarnos a la realidad.

Aún recuerdo aquella última noche, en la que nuestros brazos se ligaban para abarcar el amplio  desierto de nuestra espalda, en la que nuestros besos marcaban cada una de las costuras de nuestro nuevo pijama de azahar, y nuestra piel se fundía entre aquellos mimos para cobijarnos bajo la húmeda paja del frío sentir de la Luna.

Y despertamos...

Y precipité sobre el suelo... desapareciste una vez más, en vano fue mi búsqueda, pues  por más que mis anhelos buscaban evidencias de aquella noche, mis sentidos me transportaron a otro mundo en el que nada hubo pasado, eliminando cualquier rastro de nuestra unión. Siglos pasaron, vidas sin hallarte en mi camino,... vidas de errores no forzados por sentir tu alma y no encontrar tu esencia.

Un nuevo alba regresó vestido de bermellón, aquél mismo al que tornó el día que te desvaneciste entre mis besos. Hacia ti me llevaron mis pasos, tu sangre fue atraída por mis versos, y mis venas ardieron en el fuego de tus entrañas. Me evocaste entre las sombras de tus designios, ciega por los prejuicios de aquestas vidas pasadas. Sabes de ti, de tu esencia, aún en tu elección estalla el no reconocimiento de tu alma inmortal. Te encerraste en tu mundo y protegiste aquello que más te importa, impidiendo que la luz deslizara entre los delicados hilos de seda que cubrían tu ser. La espera se hizo eco de ti, de tus deseos, y tus lágrimas bañaron mis pies para penetrar en mi alma.

Y hoy vuelas libre mostrando los cálidos colores que entre sombras supiste tejer, mostrando al mundo, una vez más, toda tu luz y la belleza más cautivadora con la que el Hombre jamás pudiera soñar.
Ven a mi, sonrójame con tus ojos de sable, hechiza el desierto de mi espalda con tus cabellos, y penétrame con las dulces caricias que cicatrizan en mi piel; que tu piel sea verbo en mis sentidos; que tu verbo sea alma en mis suspiros... que mis lágrimas sean el elixir que emana de los poros de tu piel, que tus besos sean la marca de nuestra fe, y que nuestros versos sean el instrumento de nuestro amor.

Seré vigía de tus vuelos en tus albores y tus vigilias, hasta que la eternidad se haga conciencia de la unión de nuestras almas.



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lunes, 28 de mayo de 2012

Sueño

Sueño con un día en que nuestros besos sean infinitos,
en que los días no verán su fin y las noches jamás despierten;

Sueño con esas caricias en las que tus dedos cuentan los lunares de mi espalda;

Sueño … con esos paseos al atardecer, y esas miradas en el despertar de mis albores;

Sueño con esos días en los que mis suspiros se perderán entre tus cabellos para tornarte en sonrisas;

Sueño con tus manos perdidas en mi pecho, con tus dedos enredados en mis cabellos;

Sueño con tus labios ensangrentados por la pasión de sus caricias sobre el vástago de mi ser;

Sueño con tu mirada penetrando por los poros de mi piel, para recorrer mi cuerpo navegando por la sangre de mis venas;

Sueño con despertar y hallarte yaciente bajo las mismas sábanas que me cubren;

Sueño recorrer con mi lengua los pliegues de tu piel y sentir cómo tu aliento huye extasiado por la indecencia de tu cuerpo desnudo y sutilmente seducido;

Sueño con fundir nuestras manos mientras embisto tus caderas y desgarro mi garganta en el abismo de la pasión;

Sueño con elevar nuestros cuerpos al compás de nuestras almas, y nuestras conciencias jamás prevean el instante en que retornar a la atención primera de nuestra existencia;

Y sueño con el momento más álgido de esta lujuria nuestra, que mantengamos esta exaltación ondeados por el viento que viaja desde el Norte, hasta el momento en el que caigamos juntos para que nuestro amor sea moldeado por el libre albedrío de Eolo.

Y sueño con tus gemidos transformados en besos por la agitación de tu pecho;

Y sueño con tus caricias transformadas en esos dedos que besarán mis labios;

Y sueño con vuestra silueta dibujada entre los pliegues de las sábanas de mi lecho.

Y sueño... con Vos.

 

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lunes, 21 de mayo de 2012

BARRO

Tus susurros bañan las raíces de mis cabellos, tu mirada busca el olor de mi esencia que emana de los poros de mi piel...

Pierdo los sentidos en el clamor del tiempo que no hallamos en aquellos días que compartimos.

 



Días que no disfrutamos mas nos alimentamos;

Días que no pasaron en vano, pues recordamos el significado de aquello que nuestras cicatrices un día nos arrancó;

Días en los que el tiempo no quiso detener los latidos que bombeaban aquella pasión que corría por nuestras venas;

Días en cuyas noches nos consumíamos en el placer de nuestras caricias;

Días en los que no existió ni un sólo instante muerto;

Días en los que la realidad se solapaba con los sueños para deleite de nuestros sentidos;

Días... con sus noches... en las que mi lengua surcaba los mares que brotaban de tus labios, mis dedos perdían el rumbo en el vasto desierto de tu espalda, mi cuerpo buscaba los rincones de tu piel donde guarecerse, temiendo el frío día de tu marcha.

He amanecido con tu olor penetrando en los poros de mi piel, he sentido cada una de las caricias que tus labios me han ofrendado bajo el rocío de mis albores...

he penetrado tu alma bajo la atenta luz de tu mirada, bajo el cántico alegre de tu boca, bajo el cálido manto de tu lengua, inmerso en el vergel de tu estirpe...

he cortejado tu piel para que te abra un mundo de sensaciones,...

he amansado tu cuerpo para que se entregue a mis brazos,...

he asediado tu alma para que rindas tus deseos a los anhelos que te atormentan...

he bebido de la libertad que respira tu piel...

Y cuando creí que mis deseos no eran más que simples quimeras que perpetraban mi mente, los sueños se hicieron realidad encarnándose para sentir, vivir, creer, amar... y hoy siento cómo arden las ascuas de mis entrañas cuando en los ocasos de mis días no tengo más compañía que la de mi sombra.

Como el barro que desliza dulcemente entre tus dedos, así moldeas los versos de mis labios...

 

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miércoles, 11 de abril de 2012

Tierra (I)

Susurra el viento entre las cánulas de tus cabellos, mientras clavas tu mirada en el vacío del olvido. Palabras engullidas por el orgullo ante el no saber ver, frente al espejo, el reflejo del maná que brota de tu corazón, para alimentar la sangre de tus venas. Aprendiz del silencio, que acalla sus latidos para encontrar otros que golpean forzosos en tu pecho.

Es en mis sueños donde mi alma no esconde mis alas, alas que me lleven hasta saborear el olor que emana de ti, mientras tus dedos pasean libremente contando los lunares de mi espalda. Donde tus labios cosen beso a beso las costuras de mi piel; y pierdo la razón a favor de la locura, olvidando las promesas que a mi misma me traicionan, y me forjan entre las ascuas del tiempo. Mi corazón prevalece dominado por la pasión de tenerte una sola vez, vencida a tu destino, derrotada entre mis brazos y protegida en mi pecho. No deseo más que tu sonrisa devuelva la calma a tu camino, y que el rubor que te clama prevalezca siempre vivo alimentado por el fuego de tus venas. No deseo más que sentir tu cuerpo junto al mío tonteando entre las sábanas mientras somos delatados por nuestros sueños, aquellos en los que volamos más alto de lo que nos es permitido. Y sentir el calor de tus suspiros, que grita arrancando de tu garganta los gemidos más cándidos que pueden acompasar esta melodía. Observo tu rostro complacido por el roce de mis cabellos, y vigilo por ti, y siento por ti lo que tú sólo sueñas a tus espaldas.


He aprendido cada una de las curvas de tu cuerpo, mis ojos han paseado por los pliegues de tu piel, y mi alma ha recorrido las cicatrices que el tiempo ha dejado en tu lecho, donde cada noche encuentras las heridas que cargas durante el día. He aprendido del tiempo y del espacio, de tus sonrisas y de tus lágrimas, te he reconocido en los intensos abrazos que nos debemos, siempre pendiente de ti.

Y es en ese tiempo y en ese espacio, donde mis silencios truenan en los ecos del olvido que derraman mis lágrimas, donde mis caricias y mis besos pierden valor ante la afrenta de la vista. Derrama lágrimas mi alma por despertar de esta quimera que compartí tan sólo una vez con quien me hizo vivir y volar, al compás de los instantes en que sentí, que tú y yo una vez fuimos sólo uno, en dos cuerpos dividido.

Como la noche y el día, condenados a vivir pendientes el uno de otro, sin más conjunción que amarnos en los eclipses que el destino nos regale.

Sólo deseo devolverte aquello que una vez te arrancaron para así volar juntos sin ahogos ni esperas. No seré yo quien retenga tus alas para guardarte junto a mi, pues en nuestra libertad, debemos ser conscientes y consecuentes que es un bien del que todos necesitamos. Y siendo mis besos y mi mirada incapaces de llegar a tu corazón, no seré yo quien abata tu alma en la prisión de mi vida. Ve, vive, y vive con la sonrisa que me enamoró el primer día, con el rubor de la candidez en tus mejillas, con la ilusión con la que pisas cada día el suelo bajo tus pies. Vuela lo más alto que puedas, porque sólo tú podrás alcanzar el cielo buscando en los anhelos de tu libertad.

Bellas son tus palabras, pero no encandilan mi alma cuando tus caricias no sienten al arañar mi piel. Cariño, besos y abrazos, es lo único que necesito para vivir, poco es lo que en ti busqué, y aún sin esperanzas dictadas, frustrada fui en mi conciencia al saborear el frío gesto de tu mirada, tus caricias no sentidas, tus besos secos, y la ausencia de tu alma.


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viernes, 10 de febrero de 2012

CARTA A SOFÍA (II)




Mi Querida y siempre Fiel Sofía,


Divago entre letras y palabras perdidas en las marañas de mis pensamientos, consternado por las ausencias de tus caricias y los susurros de tus besos. Tu aliento surca en mi piel los segundos vacíos, y arrastra los minutos que vierten en mi garganta la agonía de no saberte junto a mí. Bandeas mi mundo con la fuerza de tu oleaje, furia, ira, rabia, cólera... impredecible, fría y natural, armonizas mi vida con el color de la espuma que pincelan las crestas de tus olas.


Aún recuerdo el brillo con el que tus ojos me besaban, regalándome el rocío de cada una de las noches en que tú y yo, siempre fuimos uno.


Pasa el tiempo, pero no el dolor de la amargura que el vacío de tus caricias han dejado en mi ser. Y aunque sé que no volverás a mí, amaré esta vida para que el día que nos encontremos, pueda relatarte cada una de las alegrías y las desdichas que nos han arrancado de vivirlas juntos.


Mi corazón arde en el fuego de mis entrañas, donde siempre dimos cobijo a lo más sagrado de nuestro amor, donde aún hallo los vestigios de tu ser y me refugio buscando el candor de tus pupilas.


Y hoy, extraño tu alma.




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