El Sol se iba adentrando en su recorrido, abarcando por el Oeste paisajes y caras que se mantenían en la oscuridad durante la mañana. El destino, escrito o no, retocaba sutilmente los acordes de una dulce melodía que estaba a punto de comenzar, acordes que una vez compusimos con el firme acuerdo de saber cómo sonaban bajo el mismo pentagrama de nuestra piel.
Jamás la vi pero reconocí la belleza que emanaba de su mirada; jamás me vio, pero reconoció la inocente sonrisa que se asomaba entre mis labios escondidos bajo mi vella barba.
Jamás la tuve cerca pero supe reconocer el dulce olor de su piel; jamás me tuvo a su lado pero supo reconocer el sonido de mis latidos.
Jamás nos habíamos conocido y sin embargo, siempre estuvimos más cerca de lo que jamás nadie cercano pudo haber estado.
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"Her Face" - Roman Stepanenko ● Digital Art[/caption]Nuestra realidad ganaba fuerza alejándonos en cada instante en que nuestros corazones se abrían entre sentimientos reencontrados y olvidados. La razón ganó el pulso en que obviamos el sentido de nuestros latidos para asumir el hoy pensando en el ayer sin tener en cuenta nuestro mañana, quien pasaría la peor de nuestras facturas simplemente por dejarnos llevar por el más dulce de los sentidos.
Al caer el Sol la velada tornaba fuerza en el mismo momento en que la excusa que nos otorgamos como tregua comenzaba a sonar a ritmo de Jazz. Compás que nuestra sangre recorría en cada una de sus claves. Acordes que resonaban en mis entrañas mientras su ingenuidad placía de su sonido con el único pensamiento de negar lo que su alma deseaba.
Sus ávidos dedos se aproximaron con seguridad a mi piel para arar la superficie de mi espalda víctima de ataques nocturnos de la naturaleza... Mis bastas manos midieron cada una de las distancias entre los poros de su piel con la excusa de regalarle el placer del tacto y la relajación de nuestro Ser. Mis labios se lanzaron a la perdición culpa de una promesa que de antemano sabía incapaz de cumplir, rendirme a los encantos de su mirada, al olor de su piel, a la Belleza de su Alma. Nuestros cuerpos comenzaron una encarnizada batalla en la que sólo los gestos, olores y miradas cobraban fuerza cada segundo de nuestro momento. Mi piel ardía al simple tacto de sus pinceles, nuestros dedos se perdían peinando cada palmo de Tierra de nuestro cuerpo, mientras nuestros ojos se miraban ensangrentados de pasión, y nuestros labios reventaban bajo el marfil causa del deseo contenido. Omitiendo la razón como único medio de discordia en un acto de concordia, admitimos el destino que se nos había presentado como alternativa a la realidad de la que huímos, y tu carmín explotó de júbilo al saberse besado, y los vástagos de tus pechos afloraron en el momento en el que tu aliento proclamó suspiros jadeantes como himno a aquella noche. Pecado de pecadores nos fundimos en cada retozo entre las sábanas y el suave sentir del contacto de nuestra piel, bebimos de nuestros labios hasta saciarnos y nos alimentamos de cada beso que pronunciaba nuestra piel.
Y la noche cerró en el momento en que la realidad llegó con el Alba, y vimos con más tristeza que añoranza que nuestras pieles continuaban virginales a nuestros latidos... confusión, tormento... gozo de sabernos reales en este mismo instante, gozo de sabernos deseados aún víctimas de nuestras ensoñaciones... gozo de sabernos par aún siendo individuales en este mundo que existe más allá de la puerta de esta habitación. Víctimas de antiguas decisiones, nuestras propias promesas selladas ante el Ara del amor, ese amor fugaz que nos abandonó sin saber cuándo ni por qué, y hoy grita en nuestro pecho ávido de nuestros sueños, amor que grita por Ti, amor que clama por Mi, amor que suspira por Nosotros.
Los pinceles de mis bastos y desgastados dedos sólo atinaban a dibujar imposibles figuras sobre el lienzo de tu espalda, pero tú,... grabaste en el mío amaneceres que asomaban sobre la copa de los árboles de nuestra vida, islas que flotaban entre los sueños que nos alimentaban, sombras en movimiento que oscurecen aquellas partes en las que creí ver la luz, y Luz donde jamás pensé que existiría el color.
Nuestra realidad duele al saber que no es compatible con nuestro sueño. Y aún así, ganamos ambos con este peligroso juego de confesiones y pasiones que afloran en nuestro deber cuando el corazón grita en nuestro haber, pues si es realidad lo que nuestros sueños nos muestran, el Tiempo es lo único capaz de poner nuestros sentimientos en el lugar y sitio que les corresponde.


