miércoles, 15 de septiembre de 2010

Pecados

Pecados, pecamos, peco ante todo, jamás perjuro, pecado al fin y al cabo. Peco con el suave sentir de tu piel, peco con el delicado aroma de tu cabello, peco con el intenso recuerdo que me traen tus letras... cada noche mientras te leo bajo la tenue luz de la llama de mi fuego, peco.

Son tus ojos los que provocan en mí sensaciones que me hacen olvidar quién soy y a dónde voy... son tus labios los que me incitan a saltar la ética y moral... es la cálida luz de tu mirada la que me embauca muriendo de pasión cada instante en el que sueño con pecar junto a tu piel.

Son los recuerdos de nuestras noches furtivas, lo que fingimos y convertimos en veraz, lo que imaginamos y es, lo que es y no existe, lo que soñamos y hacemos realidad a cada instante en el que nos dejamos llevar por el ritmo que marcan nuestros latidos. Latidos que tornan ecos en mis entrañas cada vez que te sé a mi lado, dejando el corazón morir dentro de mi puño. Saberte y no tenerte.

Realidad inmutable, nos tornamos víctimas de nuestras propias elecciones, decisiones que una vez tomamos y que jamás paramos a pensar en lo que nos depararía el futuro, próximo o no. Realidades, instantes, momentos, pasión, lujuria... pecados.

Iluminas mis noches con tu día, tu Luz vive en mi oscuridad, te pienso, te sueño, te deseo... Pero sólo son sueños, lo único que me está permitido sentir por la lejanía de nuestros latidos. Siénteme, piénsame, el eterno nos acerca cada vez más, mientras el continuo sigue su marcha impasible, a la par que la vejez nos mira. Pecamos.

Qué hacer contra el Pecado Original, contra la capacidad de desear, de sentirnos desnudos ante el mundo, de ser conscientes de nuestro propio Pecado.


Ven, acércate, siente el latido de mi corazón...

Ven, peca a mi lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario